Archivo mensual: julio 2015

VIAJE AL EUROLAMBRETTA JAMBOREE 2015. DÍA 13. “EL REY STELVIO”

16 DE JUNIO: SAN MARTINO (IT) – RÓDANO (IT) /317 kms.

Nuestro camino en busca del objetivo del día comenzó temprano y con malos presagios por lo que al tiempo se refería. Ya al despertar por la mañana se podía apreciar a través de la ventana una fina pero persistente cortina de lluvia cayendo y nubes, muchas nubes bajas. Un día gris, muy asturiano. Entraba dentro de lo previsto. Los trajes de agua estaban dispuestos y preparados para la acción.

Un cambio de chiclé de baja en la moto de Félix y una comprobación del número del mío (55) que hizo que se descartara su sustitución fueron los preparativos mecánicos antes de salir de los apartamentos Birkenau.

Este día alcanzaremos EL PUERTO DE MONTAÑA –el Passo Stelvio y su cima más alta de 2758 metros-

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Una vez atravesado Bolzano, en dirección norte, llegamos a Merano, la antigua capital del tirol italiano. Esta es una pequeña y bonita población en medio de un fértil valle lleno de manzanos y viñedos. Estamos transitando por el territorio de mayor riqueza en Italia.

La carretera que une Merano y Bolzano después de Lagundo se transforma en una carretera nacional con un destino de excepción: El Passo Stelvio. Todo el trayecto hasta el desvío del Stelvio es una maravilla, estamos en el valle de Val Venosta donde se producen las famosas manzanas que llevan su sello. Es una zona maravillosa, se va recorriendo un valle y se disfruta de una fantástica panorámica. Las colinas primero, dando lugar después a montañas de poco más de mil metros, más atrás de dos mil y al fondo los picos nevados de mayor altura.

la foto-286Orando mirando a Lambretta antes de iniciar la ascensión. ¡Como una cabra!

La maravillosa carretera hacia el Passo del Stelvio, integrada en un parque natural de 400.000 hectáreas, fue construida entre 1.820 y 1.825 para conectar Lombardía con Austria y esta prácticamente igual que en aquella época. Y eso que en la Primera Guerra Mundial fue escenario de numerosas batallas debido a su estratégica situación. Son 48 curvas en 24 kilómetros que sólo pueden ser recorridas entre junio y septiembre ya que se encuentra a 2.757 metros de altura y la climatología pone límites a su disfrute, pero en los meses veraniegos es paso habitual de los amantes de las curvas enlazadas, moteros, automovilistas y sufridores ciclistas.

Si hay un puerto en el Giro que merece de los italianos el título de Su Majestad el Rey, es sin duda este coloso de casi 3.000 metros de altitud, enclavado entre algunas de las cimas más bellas de los Alpes.

Nosotros lo ascendemos por la vertiente este, comenzando en Pratto allo Stelvio. Es la vertiente más larga y la más dura, la más histórica del “monarca alpino”.

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Después de pasar Silandro tomamos un desvío a la derecha, nos detenemos en un paso a nivel a la espera de que pase el tren. Después enfilamos, definitivamente, las primeras rampas que conducen al Stelvio. Allá, al fondo del valle se ven -más bien se adivinan entre las densas nubes- los impresionantes picos del Parco Nationale dello Stelvio, con sus cumbres cubiertas de nieve y las laderas oscurecidas por el verde de los abetos. Un paisaje típicamente alpino, una postal mítica de los Alpes italianos. “¡Allá vamos!”. Félix se ha ido por delante, ya nos veremos arriba. Prefiero ir más lento porque este tramo de ruta es para disfrutar en solitario, en simbiosis con la carretera, en egoísta ascensión que ha de experimentarse en soledad.

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Aparece el primer “tornanti”, empedrado, como corresponde y con una buena pendiente. Un placer malsano recorre todo mi cuerpo en este primer saludo al Stelvio. Las curvas cerradas se suceden y la pendiente es cada vez más pronunciada al tiempo que la carretera se va estrechando. Los abetos jalonan la carretera y se descuelgan ladera abajo manteniéndose firmes en esta pendiente imposible. Al dejar atrás las últimas casas una barrera pintada de blanco y rojo se halla levantada. Es un dispositivo que se usa para cerrar los puertos al comenzar el ascenso durante el invierno, cuando están cubiertos de nieve. Más arriba, otra barrera, ésta de bloques de cemento, también está abierta. Es martes, la carretera está prácticamente solitaria, es nuestra, nos pertenece. Somos los más felices del mundo rodando en este silencio tan solo roto por el discreto escape de la Lambretta.

La brisa se torna cada vez más fría, la lluvia se intensifica, aparecen amenazantes bancos de niebla en el horizonte y el olor a pino y a frescura se cuela al interior del casco impregnándome, aún más, de aroma de la montaña. ¡Qué placer!

Han desaparecido los árboles conforme vamos ascendiendo. Ahora los neveros sustituyen a la arboleda y se ve la carretera en toda su impresionante magnitud. El piso, en algunas curvas, ha sido reparado recientemente pero, aún así, toda está bastante bacheada y no ofrece mucha confianza.

Cuatro kilómetros, tres kilómetros, última curva, faltan 500 metros ¿Estará grabando la cámara que llevo en el casco? Marcas de pintura en el suelo para indicar la llegada al Passo. 300 metros, 200 metros, 100 metros.. Excitación. Grito para mis adentros: ¡Vamos Javier! ¡Vamos Lambretta! ¡Ya estamos! ¡Lo hemos conseguido!

Su Majestad se ha postrado a nuestros pies y nosotros le rendimos pleitesía: es el Rey Stelvio.

Desde arriba, coronado el puerto, echamos un último vistazo a toda la ruta ascendida para que se quede bien grabada en nuestros discos duros. La verdad que parece increíble que hayamos podido ser capaces de subir por ahí. Y qué decir de los ciclistas que lo hacen también… Eso sí que es meritorio.

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Nos hacemos unas fotos ante la señal en el alto y coloco la pegatina del club en lugar bien visible: Liadas SC en lo más alto.

Nos tomamos un café y una cerveza rápidamente en una cafetería del alto para entonar, nos compramos unos parches de recuerdo en uno de los múltiples tenderetes que allí hay y empezamos a bajar hacia Bormio. Algo más de 26 kilómetros aún por delante para disfrutar.

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La primera parte de la bajada es bastante rápida y la temperatura es de algo menos de 5ºC. Ha dejado casi de llover. Descendemos aproximadamente tres kilómetros hasta llegar al cruce hacia el Umbrailpass, que da acceso a la vecina Suiza. La tomamos para hacernos la fotografía de rigor ante el paso fronterizo. Con este son ya nueve países por los que hemos transitado en moto, tal vez sea éste nuestro paso más fugaz por uno de ellos, el suizo.

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Ya de nuevo en la carretera del Stelvio observamos parte de las múltiples paellas de la ruta por la que habremos de descender para que no olvidemos nunca uno de los más maravillosos panoramas que veremos en nuestras vidas.

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Después de otros seis u ocho kilómetros de descenso, se abre ante la mirada otro grandioso espectáculo: una gran cascada con sucesivos saltos de agua a nuestra derecha. Seguramente sea este uno de los tramos más exigentes cuando se sube el puerto por esta otra vertiente.

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Hay un Mirador y un Bar sobre la espléndida cascada, cuya fuerza es aprovechada desde hace años para producir energía eléctrica para la región. No es mal sitio, no, para detenerse a admirar el espectáculo y tomar una foto.

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Continuamos después por la carretera que son los enrevesados intestinos del Stelvio y nos adentramos en otra zona de continuos “tornanti” (herraduras) que nos sumerge en los primeros túneles y galerías abiertas de nuestra descenso, bajando una rampa tras otra. Hay que ir bien atentos y no despistarse para atravesar todos esos huecos en la montaña que la carretera va abriendo en la ladera.

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Y llegamos a Bormio.

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Contadas cuidadosamente una a una, para salvar el puerto de valle a valle hay que tomar -nada más y nada menos- que ochenta y seis curvas de herradura, una tras otra, casi ininterrumpidas.

El Stelvio esta catalogada como una de las carreteras mas peligrosas del mundo, pero ¿quién cataloga estas cosas? Quizás si en enero te pones a subirla o bajarla con esquís de travesía es posible que lo pases mal, pero acelerando cuesta arriba con una Lambretta, en segunda y en primera, estoy seguro que peligrosa será únicamente para las marmotas que puedan cruzarse en la carretera 🙂

Allí en Bormio intentamos comer algo pero no lo conseguimos porque era una hora un tanto tardía. Así que poco más que una bolsa de patatas fritas en un bar donde dos vertebrados locales entablan una conversación con Félix sobre Vespas y Lambrettas y a seguir nuestra ruta que aún nos quedaba -sin nosotros esperarlo- el peor tramo de todo el viaje.

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Riders on the storm…

Tras repostar en una gasolinera creo que poco antes de un lugar llamado Sondrio, comenzó a llover como si no hubiera un mañana. Fueron unos veinticinco kilómetros los que hicimos hasta llegar a un punto donde Félix me estaba esperando y me dijo algo así como esto bajo el gran aguacero:

“Situación: nos quedan más de 150 kilómetros para llegar a Ródano, estoy mojado hasta los güevos (mientras escurría delante de mis narices sus guantes para demostrarme que realmente estaba calado), o le damos caña a las motos y tratamos de llegar lo antes posible o esto va a ser un infierno”.

Yo, un tanto perplejo y a la vez partiéndome el culo por dentro ante semejante aseveración, le respondí que poco distinta a la suya era mi realidad y que sintiéndolo mucho no iba a arriesgar mi vida yendo a toda velocidad en esas condiciones y que si él sí estaba dispuesto a hacerlo que tirase p’alante y que ya nos encontraríamos en algún punto de la carretera cuando tocase repostar nuevamente.

Y llegamos a Tirano y allí nos reagrupamos. Caía el diluvio universal, cada kilómetro que avanzábamos más grises eran las nubes y más oscuro se ponía el panorama. En la carretera general había bastante tráfico, había zonas del pavimento con mucho agua por badenes, vehículos en sentido contrario que te escupían olas y olas de agua -especialmente los camiones-, en algunos lugares el asfalto no se veia por la capa de agua y no se sabía bien por dónde ibas, la pantalla del casco se empañaba…

Así que cuando vimos la posibilidad de meternos por autopista en dirección Milán no lo dudamos. Para nuestra fortuna la autopista estaba repleta de túneles. Mas de una docena de ellos atravesamos de diversa longitud pero varios  de más de seis kilómetros y todos ellos fueron nuestra milagrosa salvación, o al menos mitigaron bastante la “avería” en forma de mojadura inmensa. A nuestra derecha veíamos de vez en cuando el Lago de Como, una de las joyas de Italia que desgraciadamente no pudimos disfrutar por culpa del adverso tiempo.

Siceramente los kilómetros que hicimos por autopista lo pasé mal, además de por el frío en todas las partes porque los conductores italianos a veces se comportaban como potenciales asesinos.  En nuestra última parada para repostar antes de llegar a destino aproveché para tomar una foto de lo que se veía del Lago Como a través de una valla.

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Y finalmente llegamos a Ródano, sí. Sanos y salvos pero también empapados. Y fuimos felices y comimos perdices un plato de pasta Félix y una pizza cuatro quesos un servidor, despojados de nuestros calcetines y botas mientras esperábamos la gloriosa venida de la mujer en cuya casa nos alojaríamos esa noche (que había quedado en acercarse a buscarnos para acompañarnos hasta su B&B y así evitarnos pérdidas o vueltas innecesarias).

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la foto-285Así se le quedan a uno los pelos después de subir a casi 300 metros de altura y soportar una tromba de agua de las que hacen época. “Planchado lombardo”

 

Día 13: 317 kms. /75,00 euros: gasolina+aceite-30,00 euros (tres repostajes), hostal+desayuno-30,00 euros, otros-15,00 euros

(continuará)

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Vídeo

VIAJE AL EUROLAMBRETTA JAMBOREE 2015. DÍA 12. “POR EL BELLO TIROL”

15 DE JUNIO: SALZBURGO (AT) – SAN MARTINO (IT) /353 kms.

Salzburgo, la ciudad de Mozart, tiene una silueta inconfundible. El mejor mirador, a 120 metros de altura sobre el entramado urbano, es la fortaleza de Hohensalzburgo, poderosa construcción que recuerda el dominio de los príncipes-arzobispos.

Es una fortaleza del año 1077, construida por el arzobispo Gebhard, uno de los poderosos dirigentes religiosos del medioevo, con obra de aquella época al siglo XVII.

La mayor expansión de la fortaleza es de 1495 a 1519, realizada por el arzobispo Leonhard von Keutschach.Se trata del castillo mayor y mejor conservado de la Europa Central, según afirman las guías de turismo locales.En la fortaleza se pueden contemplar las habitaciones medievales y un museo con elementos de sus nueve siglos de existencia, especialmente armas.

Subimos al edificio mediante un funicular que fue inaugurado en 1892.

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El cementerio de San Pedro es uno de los más famosos del mundo, anclado junto a la imponente mole de la montaña, con sus airosas arcadas y los enterramientos de gentes notables: el arquitecto Solari, el compositor Haydn, familiares de Mozart… El conjunto está sobre los propios restos de la población romana de Juvavun.

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DCIM102GOPROAbajo, la casa natal de Mozart en la calle Getreidegasse, número 9 con un museo de la familia Mozart, donde se conservan curiosos elementos de la vida del músico. Sede también de Fundación Internacional Mozart. No la visitamos por dentro…

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Getreidegasse. Está en el corazón de la ciudad. Con sus artísticos letreros, cuidadosamente ornamentados, sobre un conjunto de edificios de armonía y calidad, la calle de Getreidegasse invita al al paseo y a mirar a su alrededor. La calle no es amplia, pero tiene notable vigor comercial y se observa en la misma un extremado cuidado en el mantenimiento de los rótulos, los patios, los escaparates.   

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Abandonamos Salzburgo poco después del mediodía. Por primera vez en todo el periplo para esta jornada no teníamos claro nuestro destino final. La idea era pararse a dormir en algún lugar previo y cercano al Passo del Stelvio para así, a la mañana siguiente, hacer el ascenso al mítico puerto con energías y fuerzas renovadas. Sobre la marcha decidiríamos nuestro alojamiento.

Aunque al salir del hostal con nuestras motos ya cargadas aún no llovía, no tardó mucho en hacerlo y nos vimos forzados a detenernos en ruta poco después, debajo de una zona con frondosos árboles, y sacar nuestra ropa de agua -que por cierto ya llevábamos preparada y bien a mano-. Por primera vez en el viaje hacíamos uso de ella, no estaba nada mal.

Tras hacer una bajada pronunciada por una carretera entre abetos y pinos y siempre poniendo máxima atención al firme de la carretera que estaba peligroso enseguida alcanzamos la frontera de Austria con Alemania y, como era protocolario, nos hicimos las fotos de rigor junto a las señales de carretera. Fue un pequeño tramo de apenas 15 kms el que hicimos por territorio alemán antes de entrar nuevamente en Austria y adentrarnos en el Tirol.

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Al fondo en la fotografía de abajo se ve un convoy militar que nos encontramos en la carretera.

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Antes de llegar a Innsbruck hicimos una parada para repostar y tomar algo caliente que nos ayudara a quitarnos la sensación de frío y humedad que acumulábamos en el cuerpo. Allí, junto a la gasolinera, había un establecimiento donde una antipática mujer nos sirvió un par de cafés y Félix aprovechó para contrastar con un vertebrado local cuál era el camino a seguir. Estábamos aproximadamente a 100 kms. de Innsbruck todavía y la lluvia empezaba a remitir.

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En las afueras de Innsbruck nos detuvimos a repostar y a hacerle algo más a la moto de Félix (no recuerdo qué). El panorama que se divisaba a izquierda y derecha de aquella gasolinera no era muy alentador: densas nubes bajas envolvían las cimas de las montañas y apenas dejaban apreciar la belleza del entorno. Pero no llovía y además había cierta sensación de esperanza  porque algunos claros comenzaban a querer abrirse paso. Eran por entonces ya más de las 7 de la tarde y aún no teníamos claro dónde íbamos a parar a dormir así que había que decidir si entrar en la ciudad o no.

No hacerlo sería un crimen y hacerlo podría suponer que nos cayera la noche encima en ruta y que todo se complicara mucho más. Como buenos Lambrettistas valientes españoles decidimos entrar a explorar un poco la ciudad. Sin duda una buena decisión. Innsbruck es una joya a tenor de lo poco que de ella pudimos ver.

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Nos paramos en la calle probablemente más céntrica y comercial. Optamos por bajar a un gran centro comercial y comer algo caliente allí, en plena calle, para poder echarles un ojo a nuestras motos y al equipaje. ¿Qué comimos? Uno de los más famosos platos de la cocina austriaca que, hasta el momento, aún no habíamos degustado por increíble que pueda parecer: Wiener Schnitzel, o escalope vienés, acompañado de ensalada de patata.

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la foto-257En el escaparate de una tienda del centro comercial donde compramos la comida había esta preciosa Vespa.

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De Innsbruck salimos a través del paso de Brennero hacia Italia, siempre por la antigua carretera y en Vipiteno, frontera de Austria con Italia, giramos al oeste para ascender el paso di Monte Giovo, pasar por San Leonardo y por San Martino después, siendo finalmente esta última localidad nuestro lugar de descanso.

Los cincuenta kilómetros hasta la frontera brindan todo un espectáculo de panoramas alpinos por una carrerea sinuosa y deliciosa. Un valle largo orientado sur norte que tiene en Solden y Oetz sus dos pueblos de referencia.

Parajes de cuento, dulces verdes, casitas de madera decoradas con frescos alegóricos a las profesiones de sus moradores, flores en todas las terrazas…

Esta etapa por el Tirol, en mi humilde opinión, plagado de estampas alucinantes donde quiera que uno mirara fue el clímax del viaje. Con razón es una de las mecas europeas de todo motero/motorista.

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Seguimos por nuestra carretera de montaña y nos enfrentamos al plato fuerte del día sin esperarlo: Passo Giovo o Jaufenpass, a dos mil noventa y cuatro metros, un señor puerto de quince o veinte kilómetros plagado de curvas de ciento ochenta grados. Allí, en la cima, disfrutamos del frescor alpino italiano sin creernos todavía cómo habíamos conseguido subir hasta allí porque fueron diversas las dificultades que tuvimos que superar y el cansancio ya hacía mella en nuestros cuerpos y cabezas.

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En nuestro descenso, ya cayendo la noche, paramos en el establecimiento de la foto de arriba para preguntar (i) dónde estaba la gasolinera más cercana porque estábamos al borde de la sequía más absoluta (ii) dónde nos recomendaban hacer noche próximos al Stelvio y teniendo en cuenta la hora y escasa luz que ya había.

La recomendación fue Merano para dormir y la respuesta al asunto gasolinera nos tranquilizó: teníamos la más cercana a escasos 15 kilómetros, en un pueblo llamado San Leonardo.

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Repostadas las motos y en vista que ya era noche cerrada y hasta Merano nos quedaba no menos de una hora de viaje, decidimos hacer pop stop y elegimos una casa de huéspedes al borde de la carretera para pasar la noche. No muy lejos de ella había un gran restaurante pizzería todavía abierto (casi las 11 de la noche cuando estábamos ya situados y alojados en nuestro pequeño APARTAMENTO de dos habitaciones separadas) y zumo de cebada cerveza de elaboración propia así que hacia él nos dirigimos.

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Día 12: 353 kms. / 91,00 euros: gasolina+aceite-40,00 euros (cuatro repostajes), hostal+desayuno-31,00 euros, otros-20,00 euros

(continuará)

VIAJE AL EUROLAMBRETTA JAMBOREE 2015. DÍA 11. “EL HORROR NAZI”

14 DE JUNIO: EBENSEE (AT) – SALZBURGO (AT) / 271 kms.

El domingo 14 ya echaba el cierre el EuroLambretta 2015 y por ese motivo era momento para las despedidas entre los integrantes de la delegación española desplazada al evento. Un@s se iban rumbo a Munich para, desde allí, tomar aviones de regreso a sus respectivos puntos de origen, otros continuaban su viaje de regreso en furgoneta con idéntica intención y nosotros, los más atrevidos, aún debíamos continuar rodando hasta el punto donde habíamos dejado nuestra furgoneta (Ródano).

Lo que hicimos por la mañana tras abandonar el hotel, dejando allí nuestras pertenencias hasta su recogida en un posterior momento, fue planear una visita a lo que es el capítulo más negro en la historia de esta ciudad de montaña de Austria en la que nos encontrábamos. Los nazis establecieron un campo de concentración en Ebensee, bajo el nombre en clave Zement. Corría el año 1943 y este campo formaba parte de la red Mauthausen. Trabajaban allí esclavos que morían excavando túneles para almacenar armamento alemán. Lo que pudimos visitar del campo es poco pero suficiente para salir con el estómago cerrado: parte de una galería de las muchas que fueron excavadas por los prisioneros del campo.

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“Bajo la dirección de las SS se estableció a unos dos kilómetros del municipio de Ebensee uno de los campos anexos al campo de Mauthausen de mayor tamaño. Los primeros prisioneros, de diversas nacionalidades, llegaron a Ebensee el 18 de noviembre de 1943.

Este campo de trabajo de las SS tenía como finalidad la construcción de gigantescas galerías subterráneas destinadas a la investigación y fabricación del mísil intercontinental A9/A10. Para ocultar la existencia del campo, los oficiales SS usaban los nombres en clave Kalk (caliza), Kalksteinbergwerk (mina de cal), Solvay o Zement (cemento). Los prisioneros fueron puestos a disposición de las empresas de construcción encargadas de realizar las galerías. La construcción de estas instalaciones en túneles resultó en un número especialmente alto de víctimas mortales, al tiempo que mantener el secreto industrial de lo que se fabricaba hacía prácticamente imposible que de allí se pudiera salir con vida.

Entre 1943 y 1945 se construyeron dos sitemas de galerías, donde estaba previsto transferir la base de pruebas de misiles de Peenemünde. El proyecto inicial hubo de ser abandonado a medida que la marcha de la guerra imponía otras prioridades en el suministro bélico y tras la sistemática destrucción de las fábricas de armamento por parte de la aviación aliada. De modo que la parte de túneles ya concluida quedó afectada a la producción de combustible, concretamente el Túnel A, donde a partir de agosto de 1944 se iniciaron los trabajos de montaje de una refinería de petróleo destinada a la producción de carburante, la cual se puso en marcha en el marco del programa Geilenberg el 4 de febrero de 1945. El Túnel B se destinó a la fabricación de piezas de motor para tanques y camiones de la Steyr-Daimler-Puch Werke y la Nibelungen Werke.

En total, en 16 meses los detenidos excavaron 7,6 km. de galerías.

En la última fase del campo el número de detenidos llegó a ser superior a los 18.000. El campo fue liberado el 6 de mayo de 1945 por las tropas estadounidenses. Para ese entonces más de 8.300 detenidos habían muerto. Muchos otros que eran ya “inaptos para el trabajo” habían sido transferidos al campo principal de Mauthausen para ser exterminados allí. Un importante número de liberados murieron en los días siguientes de extenuación, desnutrición y diversas enfermedades asociadas a las condiciones del campo.”

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Visitamos posteriormente un memorial y un cementerio donde se encuentran muchas víctimas de aquel horror y con los ánimos un tanto apagados pusimos rumbo al hotel para cargar nuestros equipajes y seguir camino hacia Salzburgo, aunque deteniéndonos antes en Mauthausen para visitar también su campo de concentración.

Al poco de salir de Ebensee nos encontramos con Martin y Julia, dos de los austriacos con los que habíamos hecho el viaje desde Viena el viernes. Ellos regresaban también hacia la capital austriaca así que compartimos un tramo de nuestros respectivos viajes.

Poco antes de despedirnos en un cruce a Martin se le cayó el móvil al suelo en marcha y, por fortuna, pudo recuperarlo intacto antes de que ningún otro vehículo le pasara por encima. Mucha suerte la que tuvo…

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Unos pocos kilómetros antes de llegar al campo de prisioneros, se pasa por Mauthausen, un pueblo de apenas 5.000 habitantes y uno no puede menos que pensar, ¿que recordarán o sentirán los habitantes de este pequeño pueblo? Sus gentes que ahora son ancianos, ¿participarían de aquella locura homicida o procuraron no ser parte de ella? ¿Y sus hijos y nietos? ¿Con qué educación y conocimientos sobre el tema han crecido? ¿Qué se esconde tras cada habitante de Mauthausen? ¿Es posible  abstraerse del funesto nombre de su lugar de residencia? Esas y otras preguntas y sus posibles respuestas probablemente nos asaltaban a los dos antes de llegar a la explanada del campo.

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En el trayecto entre la ciudad y el campo experimentamos la mayor concentración de polen en suspensión de todo el viaje. Increíble la cantidad…

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El campo de concentración de Mauthausen fue uno de los pilares en el genocidio racial que instauró el III Reich. Destacó, que ya es decir, entre otros campos de exterminio, por la dureza de sus condiciones de vida. Fue un exponente de la máxima degradación de la raza humana, alcanzando cotas de vileza y maldad nunca vistas. En Mauthausen solo había una certeza: la muerte, y solo una duda: la forma de morir en aquel lugar. Y es que los nazis aplicaron toda su frialdad calculadora, método y eficiencia para eliminar a seres humanos inocentes de la manera más económica y efectiva posible.

A Mauthausen se va a recordar algo que no debe quedar en el olvido, a rendir tributo a fallecidos y supervivientes, a explorar nuestro propio ser y a analizar de qué somos capaces como seres humanos, se va a llorar por lo que somos capaces de hacer, a constatar la maldad humana y sobre todo a aprender de nuestros fallos y fortalecernos interiormente para que en el futuro no volvamos a cometer los mismos errores.

Al campo de concentración de Mauthausen entramos juntos Félix y yo, nos hicimos con una audioguía en inglés y -como muchos otros grupos de personas, amigos, familias con los que coincidimos durante nuestra visita que también llegaban juntos- sin darnos casi cuenta pronto nos separamos y cada uno hicimos la visita alejados en la medida de lo posible de otras personas, sumidos en nuestros pensamientos y sin cruzar palabra con nadie, tragando saliva en cada barracón que se visita y tratando de imaginar los horrores que allí se vivieron.

La visita nos llevó por varios barracones, con cabida para 300 personas y dónde se llegaron a alojar a 2.000 seres humanos. También se conservan tal como quedaron dos de los tres hornos crematorios que existían, la cámara de gas y la consulta médica, la sala de disección, la zona del tiro en la nuca… Tal vez esto fuera lo más duro de la visita. Aunque hay fotos de todo creo que será mejor evitarlas.

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Hablar de Mauthausen en España, es hablar no solo del drama de los judíos, sino también de muchos españoles. Alrededor de 10.000 republicanos españoles fueron deportados a Mauthausen. Solo 2.500 sobrevivieron. Como a todos los presos, lo primero que les hacían era privarlos de toda dignidad y orgullo. Para ello, los desnudaban, se les afeitaba y se les vestía igual a todos, con el uniforme a rayas azules. A los españoles se les identificaba con un triángulo azul y con la S de Spanier. Los españoles provenían de Francia, a donde huyeron cuando acabó la Guerra Civil.

En mayo de 1945 el campo fue liberado por el ejército estadounidense y una pancarta escrita en español los recibió.

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La verdad es que la visita merece la pena, pero también tengo que decir, que verlo en directo deja un sabor de boca “amargo”, de aquellos que cuesta trabajo olvidar. 

A medida que pasaba el tiempo allí dentro más se cerraba el día y más cerca comenzábamos a oír los truenos de una tormenta que se dirigía hacia nosotros. Así que cagando melodías apresuradamente salimos hacia el lugar donde habíamos dejado estacionadas las motos y pusimos pies en polvorosa temiéndonos lo peor.

Afortunadamente nunca llegamos a ver la lluvia hasta nuestra llegada a Salzburgo. Tal vez salimos en el momento justo o tal vez el viento cambió. Difícil de saber.

De camino a Salzburgo, fuimos recuperando el ánimo, ayudados por el paisaje que se nos presentaba en el camino.

Hasta nuestra llegada allí atravesamos Linz, a unos 20 kms. de Mauthausen, ciudad de la que desafortunadamente sólo recuerdo su parte más desagradable, su zona industrial a las afueras, son mayoritariamente empresas del sector químico y farmacéutico las que allí se encuentran instaladas.

Hasta destino aún nos quedaban entonces unos 130 kms. por recorrer, siguiendo el curso del Danubio en varias ocasiones.

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En Austria hay una gran afición a la restauración de todo lo clásico con ruedas. En un determinado momento de nuestra ruta hacia Salzburgo nos encontramos con dos coches americanos tipo Chevrolet que estaban inmaculados y cuyos motores no puedo pensar qué preparación tendrían porque el ruido que hacían era muy poderoso por calificarlo de alguna manera. Aquí en esta foto no se aprecian muy bien pero se intuye la parte trasera de uno de ellos. En otras ocasiones vimos tractores vintage restaurados al detalle también.

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Cerca de las 8 de la tarde llegamos a nuestro hostal para esa noche: Yoho Youth Hostel. Un sitio recomendable para cualquiera que quiera dormir cómodo y barato en Salzburgo, con muchísimo ambiente de mochileros y unas instalaciones limpias y modernas. Un acierto nuestra elección.

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Allí en Salzburgo habíamos quedado con Óscar, otro amigo de Félix residente allí desde hace tres años, que nos hizo de cicerone en la ciudad por unas horas. Con él quedamos en el amplio aparcamiento de la  la Augustiner Braü.

Es un antiguo monasterio de los monjes agustinos, que se ha convertido en la cervecería más antigua y famosa de Salzburgo. El sitio era realmente curioso, yo no lo consideraría un restaurante al uso. Por un lado hay 3 salones enormes con mesas y sillas, y por otro lado y separado hay varios puestos de comida.

Salones enormes, más de 5000m2, que están totalmente aislados de los puestos de comida. Hay uno exclusivo para fumadores, y hay unas cancelas donde hay jarras privadas de clientes habituales.

Lo primero que hicimos fue tomarnos una jarra de cerveza, que nos sirvieron en unas típicas jarras de barro cerámico, e ir a los puestos de comida porque, aunque eran las 21:30, alguno de ellos ya estaba cerrando. Cogimos un par de raciones de costillas con su correspondiente ensalada de patata, que estaban bastante buenas.

Antes se había acercado a saludarnos también un camarero de nacionalidad española con quien estuvimos charlando un buen rato. Los camareros no se ocupan para nada de la comida, sólo te preguntaban qué querías de beber.

La Augustiner Braü es un Brauerei, es decir, un local donde elaboran ellos mismos la cerveza que ofrecen. De la cervecería se podía salir también subiendo unas escaleras  rodeados de cuadros de monjes y obispos que al parecer conducían a la zona más céntrica de la ciudad pero nosotros salimos por el mismo lugar por donde entramos aunque sin coger todavía las motos pues daríamos un pequeño paseo por la ciudad con Óscar. Paseo que terminó en un Irish Pub donde seguimos tomando algunas cervezas más.

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Y así terminó esta jornada. Con la sensación de que estábamos en un lugar precioso que merecía la pena visitar con más detalle el día siguiente si la climatología no nos era demasiado adversa y lo permitía.

 

Día 11: 271 kms. / 70,00 euros: gasolina+aceite-30,00 euros (tres repostajes), hostal+desayuno-20,00 euros, otros-20,00 euros

(continuará)

VIAJE AL EUROLAMBRETTA JAMBOREE 2015. DÍA 10. “UN DÍA EN EBENSEE”

13 DE JUNIO: EBENSEE (AT) / 60 kms.

La jornada del sábado comenzó relajada. Tras levantarnos y desayunar en el hotel (Modesto,  Boni y quien escribe, porque mi hasta entonces compañero fiel y habitual de habitación,  Félix, no había aparecido aún por allí) nos dirigimos a las instalaciones del camping donde aún teníamos pendiente de recogida el goodie bag o bolsa de bienvenida con obsequios incluida en la inscripción. Lo cierto es que nuestro paso por el EuroLambretta se redujo a participar en la ruta oficial del sábado (que inicialmente estaba prevista para las 12.30 pm y que se pospuso a las 3.30 pm) y a cenar a las 8pm  del mismo sábado en la carpa  del evento. Bueno, eso y también beber y bailar al son de las canciones pinchadas por los ponediscos para la ocasión y pasearnos por el recinto viendo las tiendas, y motos de participantes de diferentes clubs Lambretta del mundo. Allí estaban representados al menos los de Escocia, Gran Bretaña, Irlanda, Eire, Francia, Bélgica, Alemania, Polonia, Austria, España, USA, Finlandia, Italia, Suiza, Suecia, …

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Control de accesos al camping el sábado por la mañana. Ahí está Matthias “il Dottore”.

La ruta oficial del sábado fue grandiosa, difícil hacer un cálculo del número de motos que tomaron parte en ella pero si digo que entre 300 y 400 no creo que me desvíe demasiado de la realidad. La primera parte transcurrió por una carretera a orillas del lago Traunstein atravesando varios túneles excavados en las montañas y -ahí dentro- llamaba atronadoramente la atención el rugido ronco de los motores de las Lambrettas, la gran cantidad de humo blanco que había en la parte alta del tunel y, cómo no, el intenso olor a mezcla que se respiraba. Conducía mi moto Santi del Scooter Club Madrid y yo iba con él sobre ella de paquete por primera vez desde que la recupere para la vida.  Santi debió haber formado parte de la expedición al EuroLambretta pero una serie concatenada de infortunios se lo impidió finalmente, así que pensé que era un buen detalle darle la oportunidad de disfrutar de la ruta conduciendo. Él no penséis que aceptó de buen grado, no. Al principio se negaba pero acabó aceptando… Tras pasar los túneles nos metieron por una zona de campos abiertos y arboledas -con suaves pendientes unas veces y no tan suaves otras- por una carretera estrecha haciendo zig zag desde la que se podía ver el lago, inmenso, desde una perspectiva más lejana.  La ruta terminó en un pueblecito cercano llamado Gmunden. Allí nos invitaron a una cerveza y la gran mayoría de los participantes  partieron de vuelta una hora y media después, justo cuando empezaban a caer unas gotas de lluvia y oírse los truenos cada vez más cercanos. Pero los españoles, no. Los españoles nos quedamos en un restaurante de la plaza a comer y hasta más de las 5.30 no regresamos a nuestros hoteles para acicalarnos prepararnos para la cena de gala… En realidad parte de la expedición aprovechamos para visitar el cercano lago de Offensse, una verdadera joya natural.

El “circo” tipico antes de empezar a cenar consiste en que cada delegación pose junta delante del escenario principal para una foto oficial. Las más numerosas con diferencia fueron las de Gran Bretaña e Italia, seguidas de Alemania y tal vez Escocia. Los españoles esta vez éramos 13 si el cálculo no me falla. Como mientras sales y posas todos corean alguna canción para animar el momento, nosotros escogimos el temazo de Manolo Escobar “Qué viva España” que gran parte de la audiencia coreó y acompañó con palmas con nosotros. Desgraciadamente esa foto no la tengo controlada… Si alguien de los que lea esto la tiene o la ha visto y sabe dónde puede estar que lo diga, por favor.

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Y con algún preámbulo más -discurso del presidente del Club Lambretta Austria agradeciendo la presencia de los asistentes y la entrega de presentes y recuerdos varios a la organización por parte del resto de presidentes de Clubs Lambretta- comenzó el reparto de la “comida”. Por aquí abajo podréis ver alguna foto de en qué consistió. Sobran más comentarios.

La fiesta nocturna en la carpa fue ambientada por Flappo (nuestro anfitrión en Viena) entre otros “ponediscos” y se extendió hasta las 3 de la madrugada más o menos. Allí desgastamos suela y monedero los españoles hasta que no quedó más remedio que marchar, algunos en peor estado que otros.

Por lo demás, Lambrettas, más Lambrettas y algunas Vespas también. La mejor manera de describirlas es a través de las fotografías que ilustran esta entrada. Fotos que, por cierto, incluyen las de una ciudad cercana a Ebensee que visité en compañía de Modesto y Boni en la mañana del sábado, antes de tomar parte en la salida oficial, y de cuyo nombre en estos momentos no me acuerdo.

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Adivinen quién es el austriaco genuino en esta foto

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Por la tarde y antes de la cena algunos visitamos el lago Offensee, una maravilla de sitio donde sólo nos faltó darnos un chapuzón porque el calor y el sitio realmente invitaban a ello.

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Sin ningún género de duda, esta fue la montura que más llamó mi atención:

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Santi comprobando que todo está correcto en la mesa y Domingo firmando el regalo dedicado que más tarde entregaría Félix al Club organizador

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Club Lambretta Italia

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Entreteniéndonos antes de empezar a cenar…

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Presidente Club Lambretta Suecia

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Miembros del Club Lambretta Suecia

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Los cuatro integrantes de la delegación irlandesa

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Integrantes Club Lambretta Alemania posando para foto oficial antes de cenar

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Entrante cena de gala

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Presidentes Clubs Lambretta dispuestos para entrega de regalos al Club organizador


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Plato principal cena de gala


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Cuartel general del Club Lambretta Polonia

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Día 10: 60 kms. / 90,00 euros: gasolina+aceite-10,00 euros (un repostaje), hotel+desayuno-30,00 euros, otros-50,00 euros

(continuará)

VIAJE AL EUROLAMBRETTA JAMBOREE 2015. DÍA 9. “ALTO A LA POLIZEI”

12 DE JUNIO: VIENA (AT) – EBENSEE (AT) / 260 kms.

Que los chinos tienen mucha paciencia es de todos conocido pero que los austriacos, o al menos algunos de los que nosotros conocimos, también, fue para mí un descubrimiento. Digo esto al hilo de lo que sucedió aquella mañana de viernes cerca de Viena, en el taller de un amigo de Flappo por cuya casa pasamos antes de iniciar ruta a Ebensee. El nombre del figura, Helmut. El pobre, por cierto, no podía venirse al evento por encontrarse en paro y no disponer de recursos suficientes para pegarse el fin de semana en el EuroLambretta.

Salimos de casa de Flappo frescos y aseados bien temprano. Recuerdo haber mirado un gran termómetro digital en la fachada de un edificio cercano a las 9.15 de la mañana y marcar éste 26 grados. Tuve que contrastar con Flappo si eso podía ser cierto y me confirmó que sin problema. a mí el dato me descolocaba, la verdad, no imaginaba que Viena y Málaga pudieran estar a la misma temperatura en el mes de junio. En fin, mejor así…

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Nuestra primera parada antes de llegar a casa de Helmut fue en un área comercial cerca de la carretera para que Félix comprar aceite 2T. Habíamos salido de Ródano ambos con cuatro litros cada uno y él ya había consumido prácticamente los cuatro mientras que a mí me quedaba aún para tres repostajes, según mis cálculos más optimistas. En Ebensee y para el viaje de regreso nos estaban esperando otros tres botes a cada uno traídos desde Madrid por Domingo, un sevillano también socio del Club Lambretta España. Yo, ante las dudas, le pedí a Félix que ya que iba a comprar para él un litro, hiciera lo mismo para mí (por si erraba en mis cálculos, o había cualquier imprevisto en ruta) y hacia allí se dirigieron Flappo y él mientras yo aguardaba junto a las motos. Hay que aclarar que el aceite 2T en Austria es un bien de lujo. El precio del bote de litro de Castrol Racing ronda los 18,00 euros, ahí es nada, y la disyuntiva “comprar o no comprar, that is the question” se hacía compleja sabiendo que por un poco más de ese dinero tendríamos en tres botes cada uno en cuestión de horas en Ebensee. Total que finalmente apareció el comando del aceite con únicamente un bote en las manos y es que la casualidad quiso que en la tienda sólo les quedara ése.

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Y ya provisto Félix de aceite, a casa de Helmut con la intención de comprar y colocar un soporte para el amortiguador delantero izquierdo como el que me había roto un par de días antes y, teóricamente esperar la llegada de algunas personas más que se unirían a nuestro peregrinar a Ebensee.

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Como en el prao de la casa y taller de Helmut se estaba a la sombra y eran sólo algo más de las 10, nos pusimos a la obra y en poco más de media hora el problema estaba resuelto. Pero, ¡ay, mamina! Félix abrió las tapas de su moto también, comenzó a intercambiar impresiones con Helmut sobre los problemas que le venía dando en viaje, que si esto, que si lo otro y como los austriacos a que estábamos esperando no habían asomado todavía por allí, se le ocurrió cambiarle el encendido a su Lambretta (llevaba uno entre la multitud de útiles y repuestos varios en su bolsa de herramienta). Helmut le recomendó también quitar el SmartBooster, cosa que hizo. Y en la operación se consumieron al menos tres horas con lo que ya teníamos dos datos nuevos con los que trabajar: ya teníamos a los tres austriac@s que nos acompañarían con nosotros (Martin, Julia y Markus) y Félix no llegaría en ningún caso a la reunión de presidentes de clubs Lambretta europeos programada en Ebensee para las cuatro de la tarde)

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Félix, Helmut y Flappo contemporizando…

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¿Cuándo salimos de aquí, chavales? ¿Este Félix terminará algún día?

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Nos despedimos de Helmut agradeciéndole enormemente la asistencia prestada (si no llega a haber tenido una pistola estroboscópica habríamos salido antes) y deseándole lo mejor para el futuro. Yo aún tuve que regresar a su casa tras darme cuenta diez kilómetros después de marchar, cuando estábamos repostando en una gasolinera cercana, que me había dejado olvidad una pequeña mochila con cargadores varios de aparatos electrónicos dentro… ¡Qué cabeza la mía!

En un determinado momento de nuestro recorrido, antes de hacer el segundo repostaje, tuvimos que hacer una parada a la sombra porque la S2 de Martin le estaba dando algún problema quizá por sobre- re-calentamiento del motor. Lo más acojonante asombroso de la parada fue que Markus aseguraba que había visto tirado en un campo próximo a la cuneta un CÓFANO de Lambretta, o lo que al menos a él así le parecía haber visto. El resto mirábamos para él como diciendo “no es posible, estás mal seguro” y el tío ni corto ni perezoso volvió sobre sus pasos en busca del supuesto cófano, que nunca trajo ni llegó a ver de nuevo con lo que todos concluimos que había sido una alucinación suya y que todos teníamos alguna tara relacionada con las Lambrettas, de mayor o menor gravedad pero TARA en definitiva.

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Poco después de esta parada volvimos a hacer otra, no recuerdo el motivo. Seguramente unos aprietes de espárragos al escape de Félix, para no perder las malas costumbres. Aprovechamos ahí para comprarnos unos bocadillos y algo de bebida en un supermercado y así cubrimos el expediente de la comida ese día. Julia aprovechó la ocasión y se fue a comprar bañadores para ella y para Martin en una nave comercial de textil cercana. El calor apretaba de lo lindo como podréis observar, todos en camiseta conduciendo.

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Y como una aparición, ya reanudada nuestra marcha y tras atravesar la segunda rotonda en un pueblo cuyo nombre era Gerersdorf, nos adelanta a todos una moto de carretera de color gris metalizado en cuya parte trasera tenía encendidos unos luminosos con las palabras “POLIZEI, STOP” o algo así.

¡Con la Guardia Civil austriaca y secreta hemos topado!

El simpático agente logra que nos echemos al arcén y comienza un diálogo en alemán con alguno de nuestros compañeros de viaje del que, nos informan, resulta que la infracción que hemos cometido es que entramos demasiado rápidos a una rotonda y la hicimos serpenteando en busca de la trazada recta cuando debíamos haberlo hecho a menor velocidad y bla, bla, bla. Así que nos pide a todos que saquemos la documentación de nuestras motos porque su sospecha era que podríamos estar circulando sin papeles en regla o algo así. Lo curioso del caso es que empezó analizando al detalle los documentos de la moto de Flappo o la de Martin, que no lo recuerdo, y a medida que iba comprobando que todo estaba al día y en orden, iba perdiendo el interés en analizar la documentación del resto. Tanto es así que a Julia, a Félix y a mí ni siquiera hizo el ademán de examinárnosla, a pesar de que la teníamos en la mano y le ofrecimos hacerlo. Como suele pasar, recuerdo algo parecido sucedido en Francia hace dos años, el agente ya empezaba -tras diez o quince minutos de tenernos parados- a hacer preguntas sobre motorización de las Lambrettas, a comentar que tenía un amigo que tenía una Vespa, que las motos estaban muy guapas, que a dónde íbamos,… Poco más y se toma una cerveza con nosotros el tío que al principio iba de duro creyendo que éramos Ángeles del Infierno y después se dio cuenta que ni trampa ni cartón: Lambretta = Elegancia + Disciplina + Distinción. Y nos dejó seguir…

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Y, claro, nosotros a lo nuestro que era llegar a Ebensee o, al menos, seguir intentándolo. Porque fueron varias las paradas que hubimos de hacer también para consultar ruta, había quien no la tenía clara o tal vez alguien trató de acortar la prevista a la vista de que el retraso que llevabamos era considerable y todo apuntaba a que, como así sucedió, ibamos a llegar al destino de noche y tarde para cenar en el camping. La cena era de 7 a 9 y a las 6 aún estábamos a más de 100kms. de Ebensee.

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En un pueblo llamado Bad Hall decidimos detenernos a tomar una cerveza en la terraza de un bar (que finalmente fueron dos -cervezas, no terrazas-) para aprovechar y estudiar bien la ruta que aún teníamos por delante. Al salir de allí -Flappo liderando- quedó demostrado que muy bien no la habíamos estudiado: se metió por una pista de grava y todos detrás. Yo, que iba justo detrás de él y demasiado pegado no tuve tiempo de reaccionar cuando él clavó súbitamente el freno al interpretar que era el camino equivocado. Al tocar el freno yo, salí despedido por encima de la moto contra los matos que había a la derecha -y detrás de mí las alforjas que iban bajo el asiento, que se levantó por la inercia-. La caída no tuvo ninguna consecuencia afortunadamente porque la marcha que llevábamos en ese momento era reducida, pero todos se llevaron un buen susto excepto tal vez yo que me reía por dentro tras comprobar que ni rasguños ni daños de otro tipo se habían producido. Por suerte o por desgracia el cómico incidente no está grabado ni existen pruebas gráficas de él. Ya digo que solo un poco de polvo en la chaqueta y algunas risas más.

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Seguimos ruta y comienza a darle problemas a Julia su moto, seguimos teniendo que parar y consultar ruta de vez en cuando, el sol comienza a querer ponerse… Los problemas de la moto de Julia, lejos de desaparecer se agudizan con los kilómetros. Su moto no carbura bien. Cada 4 kilómetros se le para, Martin la arranca y parece que todo va bien hasta que vuelve a pararse y así no menos de seis veces. Deciden entonces intercambiarse las motos y comienza a ir mejor -a aguantar 5 kilómetros andando antes de pararse-. ¡Qué agonía! Vamos ya todos muy justos de gasolina y empezamos a ver el paisaje de montaña tras el que se adivina ya se encuentra Ebensee. En una de las paradas le cedo a Martin el litro de gasolina que llevo en un bote de aceite por si el problema pudiera ser ése. Negativo. Por fin avistamos una gasolinera en la carretera, a menos de 20 kilómetros de llegar al camping y probablemente a menos de 10 de quedarnos secos unos cuantos.

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Libertad es lo que necesitamos, sí: L I B E R T A D (y un GPS y unos mapas también, a decir verdad). Una curiosa pintada en una también curiosa marquesina de autobús al borde de la carretera.

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¿Llegaremos algún día a Ebensee?

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Son algo más de las diez de la noche y hacemos nuestra entrada al camping, cansados, pero contentos y con ganas de celebrarlo. El EuroLambretta 2015 ya tiene ahora un plus de distinción. Han llegado los dos españolitos que decidieron ir rodando hasta allí, tras algunos cientos de kilómetros recorridos.

¡Camarero, ponga unas cervezas cervezas que esto hay que celebrarlo!

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Día 9: 260 kms. / 45,00 euros: gasolina+aceite-30,00 euros (tres repostajes), , otros-15,00 euros

(continuará)

Vídeo

VIAJE AL EUROLAMBRETTA JAMBOREE 2015. DÍA 8. “LA RINGSTRAßE DE VIENA EN LAMBRETTA”

BRATISLAVA (SLK) – VIENA (AT) / 120 kms.

Bratislava, capital de Eslovaquia, se sitúa en una llanura en el extremo suroccidental de Eslovaquia a orillas del Danubio, cerca de los Pequeños Cárpatos y muy cerca de la frontera con Austria y Hungría. Entre su rico patrimonio destaca el Castillo, la Puerta de San Miguel, la plaza Hlavne Namesties, el Puente nuevo y el barrio de Petrzalka, la Catedral de San Martin y el Palacio de Grassalkovich y el memorial de Slavin en honor a los soldados soviéticos caídos durante la Gran Guerra.

Eslovaquia se proclamó país independiente en el año 1993 al separarse de R.Checa rompiendo así la antigua Checoslovaquia, fue entonces declarada Bratislava como capital del país.

De buena mañana nos dirigimos en moto a las alturas de Bratislava, a un memorial de los soldados que perdieron sus vidas en estas tierras durante la segunda guerra mundial, que se conoce por el nombre de Slavin y está en lo alto de una colina. Las vistas desde allí son alucinantes sobre toda la ciudad y es un sitio muy tranquilo. coincidimos allí con un pequeño grupo de turistas japoneses. Para llegar ahí arriba pasamos por el pueblo pijo de Bratislava, un barrio lleno de casitas de lujo para los eslovacos más pijos adinerados.

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Desde Slavin nos fuimos al centro nuevamente en moto y empezamos a subir cuestas otra vez, nos dirigíamos al castillo de Bratislava. Antes nos percatamos que el amortiguador delantero izquierdo de mi moto esta descolgado porque se le había roto la pieza de sujeción y lo retiramos. Sin duda los muchos baches en las carreteras el día anterior fueron los causantes.

Desde el castillo de Bratislava se tenían otras vistas magnificas sobre el centro histórico de la ciudad, el rio Danubio y de incluso la otra parte de la ciudad donde se concentra la parte del estilo comunista.


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El castillo en sí luce muy nuevo y en él puedes encontrar dos museos, uno de ellos el museo nacional eslovaco, pero preferimos no entretenernos con la visita y nos limitamos a dar un paseo por sus bonitos jardines y tomar algunas fotos.

Bajamos desde el castillo hasta el centro para acudir a las 10.30 a un “free tour” una práctica que se está poniendo muy de moda en las ciudades más importantes de todo el mundo. Se trata de una organización que se dedica a dar tour gratuitos por la ciudad en los que te enseñan lo mejor de la ciudad y te cuentan historias y datos interesantes normalmente de gente local, funcionan con las propinas que reciben, voluntad propia aunque sí que es verdad que al final te sientes un poco bajo presión para pagar algo.

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Visitamos lugares importantes como el casco antiguo por el que pudimos apreciar bonitos edificios como el teatro nacional eslovaco, en el final del largo paseo Hviezdoslavovo (donde empezó el tourdel estilo renacentista donde hay una fuente de Ganímedes que es transportado por un águila viajando al Olimpo. En lo más centro de la ciudad nos encontramos con el corazón de Bratislava, la plaza Hlavné Námestié, una plaza discreta pero acogedora y con edificios muy bonitos aunque no impresionantes, aquí se puede ver el antiguo ayuntamiento, el banco de Hungría, las embajadas francesa y japonesa…

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Otra de las cosas curiosas son la estatua de Napoleón apoyado en un banco como si estuviera esperando a alguien y una bala de cañón incrustada en la torre del antiguo ayuntamiento de la plaza, algo que ocurrió en 1809 por el ejército de Napoleón Bonaparte.

Una fotografía que dio la vuelta al mundo sobre la Primavera de Praga no fue precisamente tomada en Praga, si no en Bratislava, por lo que muchos de los eslovacos andan recelosos de que no se le llamara la Primavera de Bratislava teniendo a esa foto por bandera. La guía nos enseñó la foto en el mismo lugar donde se tomó en aquel entonces, el edificio de fachada circular que se ve al fondo ahora es la Facultad de Derecho. No hay duda, esa foto fue tomada allí, os la dejo para que la veáis.  La foto es de un eslovaco frente a un tanque ruso.

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La catedral de San Martín es de los edificios más bonitos y representativos de Bratislava y el que más nos llamó la atención fue tal vez la iglesia azul, un edificio muy azul precioso que fue de lo que más me gusto, se encuentra un poco separado del centro y parece sacada de Los Pitufos.

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Otras de las imágenes más vistas de Bratislava es la estatua de Cumil, un hombrecillo que se asoma por la alcantarilla, lo más curioso es que han puesto una señal de tráfico ya que se encuentra junto a una carretera y es peligroso para los coches. En la señal sale la imagen de Cumil como señal de peligro, quizás sea la foto más famosa de toda Eslovaquia. Ya fue dos veces atropellado y decapitado según explicó también la guía.

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Nos gustó Bratislava, una capital pequeña, fácil de visitar, barata y con una historia curiosa. No es nada espectacular pero bien merece al menos un día de visita para conocer más de cerca ese país llamado Eslovaquia.

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Foto del primer “rascacielos” que se edificó en la ciudad

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Y salimos de Bratislava bien bebidos y comidos a eso de las 5 de la tarde tras haber tenido un susto de última hora en el hostal cuando fuimos a recoger nuestros equipajes que habían quedado en un “locker room” mientras visitábamos la ciudad. Félix no encontraba la parrilla delantera de su moto y en la habitación el personal del hostal comprobó que tampoco estaba donde él la había dejado (encima de un armario). El susto quedó en nada tras diez minutos de tensa espera porque acabó apareciendo en un almacén donde, al parecer, una empleada del hostal lo había dejado al ir a limpiar la habitación. Ningún contratiempo por fortuna. Bueno, sí, miento. Allí se quedó olvidada mi faja lumbar. A Félix le preguntaron (sin estar yo presente) si una que había aparecido en la habitación sería nuestra y él, tras comprobar que tenía la suya, contestó que no -sin pararse a pensar que tal vez podría ser mía, como era el caso-. De esto yo me enteré varias decenas de kilómetros después de abandonar Bratislava, cuando ya no merecía la pena volver a por ella. Triste pérdida…

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De Bratislava a Viena fue un paseo que sólo se vio interrumpido por dos circunstancias adversas: una afectó a la moto de Michael Félix Jackson y la otra fue la dificultad que tuvimos para llegar a la casa de nuestro anfitrión esa noche, Flappo.

No recuerdo bien los pormenores de la etapa pero al ver las fotos que tengo en mi cámara y las que hicimos con el móvil descubro que hubo una parada para cambio de chiclé (seguramente de baja) porque algún problema de carburación estaba ocurriendo en la Lambretta TV de los galgos. Allí a la sombra dejó escapar la gasolina del carburador y dejó la mancha de recuerdo sobre el asfalto, como bien se puede apreciar. Seguramente carecíamos de papel para haberlo hecho más curiosamente…

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Cuestión diferente y mucho más problemática resultó llegar a casa de Flappo, en el segundo anillo de la ciudad. Ibamos muy bien guiados por el Google Maps cuando el móvil de Félix se quedó sin batería y nos vimos completamente indefensos e incapaces de seguir, así que nos paramos en una gasolinera a tomar una cerveza y enchufarlo y, de paso, preguntar a alguna persona local qué direcciones tomar. En la gasolinera en la que fuimos a caer dimos con dos personajes de tebeo, especialmente el de amarillo que veis en la foto. Además de hacernos mil preguntas sobre las motos y contarnos parte de su vida y accidentes recientes de automóvil uno de ellos -del que aún tenía secuelas por haber sido reciente- insistían en que tomáramos dirección Gürtel. Esa para nosotros entraba dentro de las palabras conocidas por aquello de la tristemente famosa trama política que afecta a un partido político de nuestro país. Así creo incluso que se lo explicamos a nuestros interlocutores en algún momento de nuestra conversación, entre risas e incluso un bailecito que se marcó el Michael Félix Jackson imitando al ídem y que a mi me produjo hasta lágrimas de la risa. La verdad es que ya no sabíamos como deshacernos de aquellos dos sujetos que, dicho sea de paso fueron muy amables y se molestaron en ayudarnos todo lo que estaba en sus manos. El de amarillo sólo reía y asentía con la cabeza, creo que la razón era que no hablaba nada de inglés, y a mí a veces me recordaba a Benny Hill. Un cachondo, sin duda.


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Salir de la gasolinera y llegar a casa de Flappo en cosa de 15 minutos fue todo uno. Allí estaba él a la puerta con tres Lambrettas aparcadas. Subimos para darnos una ducha y cambiarnos de ropa y tocar el órgano Hammond y la guitarra ellos dos, viejos amigos con oscuras perrerías a sus espaldas, supongo.

Y sin mayores florituras a la calle otra vez que yo en Viena nunca había estado antes y quería ver algo de tan imponente capital europea. Plan: recorrer sobre las motos la Ringstraße.

Es una avenida circular que rodea todo el centro de Viena y que fue construida a mediados del siglo XIX en el lugar que antiguamente ocupaba la muralla defensiva de la ciudad. En el Ring (como es conocida comúnmente) nos encontramos edificios como la Ópera, el Ayuntamiento, el Parlamento, varios museos y ministerios, así como algunos de sus parques y palacios más populares. Seguramente fue el tour más alocado y salvaje que jamás hice a una ciudad y sin duda el único sobre Lambretta. Pienso que habría que explotarlo como recurso turístico. ¿Qué opináis?

Flappo nos guió en un recorrido por toda esta avenida de unos 4 kilómetros en la que se concentran muchos de los principales atractivos turísticos de la ciudad. Félix lo grabó con su cámara y,honestamente, visionarlo me traslada a aquel momento y me hace sonreír. Este es el enlace:

Antes de meternos en el Ring Flappo nos llevó a una tienda de discos de la ciudad regentada también por un amigo común de ambos dos (Félix y él). Al parecer hacía cosa de 10 años que no se veían y se saludaron efusivamente y comentaron jugadas del pasado entre carcajadas y mucha complicidad mutua. Yo, mientras tanto, estaba sencillamente flipando con lo que había en aquella tienda formada por dos locales anejos de unos 100 metros cada uno. Uno de ellos estaba repleto de cajas de discos, más discos que yo haya podido ver juntos en mi vida y, probablemente, que pueda llegar a ver. Estaban embalados y pendientes de ser clasificados. Procedían de compra a precio de saldo en Nueva Orleans, donde tras las inundaciones debieron quedar almacenados o vaya Vd. a saber qué. Decenas de miles de discos de vinilo de 33 y 45 rpm. ¡Qué alucinación tan grande!

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Y de la tienda de discos RecordShack, que esa era su nombre, al Ring por fin.

Pero antes, la anécdota graciosa del día y tal vez la más divertida del viaje. Flappo lidera el grupo de tres, toma una curva a derechas en una avenida ancha y Félix y yo observamos perplejos desde detrás como la rueda de repuesto que llevaba en posición horizontal detrás del asiento sale despedida con cierta fuerza justo en dirección contraria a su marcha por la inercia, hacia la izquierda. La rueda cae al suelo y recorre no menos de quince metros rodando en posición vertical en dirección a una viandante que paseaba por la acera y que, no cabía ninguna duda, era de religión musulmana por su manera de vestir. Yo no se diferenciar si era burka, chador, niqab o qué otra prenda la que vestía aquella joven pero lo cierto es que ella miraba como cada vez se le aproximaba más la rueda con cara de cierto acojone temor hasta que cayó, plana, a menos de un metro de sus pies. La mujer hizo el ademán de recogerla y entregárnosla a Félix y a mí -que nos paramos y acudimos raudos al percatarnos de la jugada- entre que Flappo se daba cuenta y no del incidente y llegaba para recogerla y recolocarla en su lugar. Nuestras risas fueron abundantes como os podéis imaginar. Estuvimos a punto de vernos inmersos en un presunto atentado contra el Islam. ¿Os dais cuenta? ¿Y si llega a trascender a los medios el incidente y los anormales de Estado Islámico declaran la guerra santa a Lambretta? Yo prefiero no pensarlo…

En este restaurante cenamos al aire libre, una noche con temperatura muy agradable, y con ello dimos por finalizado el día.


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Día 8: 130 kms. / 40,00 euros: gasolina+aceite-10,00 euros (un repostajes), otros-30,00 euros

(continuará)

 

VIAJE AL EUROLAMBRETTA JAMBOREE 2015. DÍA 7. “TRES PAÍSES EN UN DÍA”

GRAFENSCHACHEN (AT) – BRATISLAVA (SLK) / 200 kms.

Félix está durmiendo profundamente a mi lado, en la misma cama, roncando, mientras la luz del sol ya entra decidida por la ventana de la habitación. La noche anterior había sido corta para él, se había quedado en el taller con Matthias montando y desmontando piezas/accesorios varios en su Lambretta e ingiriendo rubias de culo frío, o más bien tibio, hasta que ya no eran capaces de entenderse entre ellos dos. ¡Qué aguante!

Poco a poco vamos retomando el pulso y pensando que, en pocas horas, estaremos en Eslovaquia, previo paso por Hungría durante algunos kilómetros. Es miércoles. Otro día hermoso para viajar en moto. Son las nueve de la mañana y el calor ya aprieta, calculo que unos veinticinco grados de temperatura. Perfecto.

Después de desayunar en el jardín de la parte delantera de la casa y de preparar el equipaje nos despedimos de nuestro anfitrión. Nos ha tratado como a amigos de toda la vida, hemos congeniado estupendamente y nos gustaría quedarnos unos días más, pero la ruta debe continuar. ¡Quietos! Después también de sacarle Matthias el aceite del motor a mi Lambretta, abrirlo para sustituir los discos de embrague por unos nuevos, cambiarle la pipa de la bujía y colocar y sujetar bien la leva del cófano que me había caído en carretera croata días antes.

Breve análisis de la ruta a seguir sobre el mapa con Matthias -que nos acompaña para repostar hasta una gasolinera cercana a la casa- y enfrentamos nuestra primera parte de la jornada: Oberchulsen, Lockenhaus, Kösceg …

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la foto-149Michael Félix Jackson mirando y Matthias currando. Servidor fotografiando…
La carretera hasta entrar en Hungría fue buena, el tramo se nos hizo corto entre paisajes otra vez plagados de verdes y amarillos. Robles y hayas, agricultura intensiva de cereales, maíz, remolacha, plantas forrajeras y patatas. Ya en la Pequeña Planicie húngara el estado de las carreteras era otro bien diferente… Es una de las regiones más verdes de Hungría por su clima relativamente suave, pasamos por ciudades de arquitectura medieval como Kösceg y Sopron. Los pueblos a ambos lados de la frontera tienen el mismo aspecto y la gente habla tanto alemán como húngaro. Nos detenemos brevemente en un pequeño pueblo para tomar unas fotos.

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Continuamos nuestro camino tras repostar y nos detenemos en una pequeña ciudad, ya otra vez en Austria, para comer algo en un área de descanso, a la sombra de un sauce llorón y a la orilla de un lago muy cubierto de juncos donde el sofocante calor se soportaba mejor. Quedamos con ganas de darnos un baño…

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Y sin prisa pero sin pausa, con fuerza y energías renovadas (que no renovables), partimos para hacer el tramo final que nos conduciría a Bratislava. Antes de entrar a territorio de Eslovaquia tuvimos que hacer una parada técnica para apriete de espárragos en el escape de la moto de Félix. Supongo que muchos ya echabais de menos sus posturas horizontales debajo de la Lambretta. Pues aquí le tenéis.

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La zona donde nos detuvimos estaba plagada de molinos de viento y mirando al fondo ya se adivinaba la ciudad. Fue necesario detenerse nuevamente poco después en un paso a nivel con barrera y ver cómo pasaba el tren antes de cruzar y entrar por fin en territorio eslovaco.
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Eslovaquia (en eslovaco: Slovensko) o República Eslovaca (en eslovaco: Slovenská republika) es un país soberano miembro de la Unión Europea desde el año 2004. Limita al norte con Polonia, al este con Ucrania, al sur con Hungría, al oeste con Austria y al noroeste con República Checa. El final del comunismo en 1989 significó también el fin de Checoslovaquia como tal y la creación de dos Estados sucesores: Eslovaquia y la República Checa, los cuales separaron sus caminos el 1 de enero de 1993.

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Bratislava, donde estamos a punto de entrar, es su capital. Hora punta y tráfico intenso es lo que nos encontramos ya antes de atravesar el Puente Nuevo sobre el Danubio, construido en cemento armado en 1973 y dominado en lo alto de la orilla derecha por un gran disco con forma de platillo volante en el que hay un restaurante con vistas panorámicas.

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Ya en el centro de la ciudad toca orientarse para encontrar la ubicación de nuestro alojamiento para esa noche: un dormitorio compartido en el Hostel Blues. Lo alcanzamos poco después no sin dar varias vueltas antes de llegar.

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Es un hostal muy convenientemente situado, atendido por gente amabilísima donde se respira un ambiente muy sano y relajado. Allí nos encontramos tocando en el hall a un grupo de músicos del que disfrutamos mientras nos preparan el check-in. Habitación Londres nos asignan, en el cuarto piso. Seis literas con baño dentro.
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Tan ricamente nos despojamos de bultos y nos dimos una ducha antes de salir a la ciudad a cenar. En un restaurante típico degustamos unos platos de cocina tradicional y también típica del país, a base de patata y ajo. Cena consistente para reponer fuerzas.
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Sentado, a la izquierda, ha salido en la foto de arriba y de manera casual un tipejo con el que casi las tenemos al ir a acostarnos. Ya le habíamos padecido en el bar donde tomamos una cerveza y escuchamos un poco de jazz en directo tras haber cenado. Por allí apareció todo borrachuzo y se “coló” en una de las canciones del grupo para vocear la letra de una canción que, aparentemente, hilaba.

Pero es que a nuestra llegada al hostal cuando estábamos manteniendo una conversación con la recepcionista -en la que este sujeto no debía participar- sobre la idoneidad y seguridad del sitio donde habíamos dejado aparcadas las motos en la calle, este sujeto empezó a vocear en inglés desde la zona de ordenadores detrás nuestro y en inglés casi ininteligible algo así como: “Claro que están seguras las motos en la calle, nadie va a robar las motos aquí, esto es un país seguro, yo dejé mi moto aparcada fuera también hace tiempo y no hay problema…” El tono de sobrado en el que se estaba dirigiendo a nosotros, sin mirarnos y sin que nadie le hubiera dado vela en el entierro, nos molestó y le invitamos amablemente a callarse la boca y dejar de molestar sin que la cosa llegara a mayores. Un mal bebedor (y peor cantante)… Porque tenía gafas que si no…

¡Esto es todo, amigos!

Día 7: 200 kms. / 67,00 euros: gasolina+aceite-30,00 euros (tres repostajes), hostal+desayuno-17,00 euros, otros-20,00 euros

(continuará)