Archivo mensual: julio 2016

DE RUTA POR GALICIA AL 4% – EN LAMBRETTA HASTA DONDE ACABA LA TIERRA (IDA) 15 JULIO 2016

Cuando uno ve Galicia en el mapa parece pequeña, una esquinita ahí perdida al noroeste y que no parece tener demasiado mar a su alrededor ¿no? Pues Galicia tiene la nada despreciable cantidad de aproximadamente 1.500 kms. de costa, algo más que la distancia que existe entre La Coruña y el Cabo de Gata. La razón es que, gracias a sus rías, una buena parte de sus kilómetros de costa se mete tierra adentro, a veces bastante. Y, claro, ya puestos hay también cabos que salen bastante hacia el mar, no en vano los romanos pensaron que por allí quedaba el fin del mundo al que ellos bautizaron como Finisterrae.

Nuestro viaje comenzó a las 9 de la mañana del viernes 15 de julio desde Soto del Barco. Desde allí partimos Mino y servidor con destino Villagarcía de Arosa con la idea de recorrer parte de la Mariña Occidental, la Costa da Morte y las Rías Baixas, para disfrutar el sábado 16 de la sexta edición de la Scooterada Vilagarciana. Una ruta de aproximadamente 550 kms. según nuestros cálculos para llegar (y otros tantos para volver).

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Aunque el viento racheado y lateral del nordeste soplaba fuerte y a veces nos provocó algún susto, la diversión era también total por el tramo costero asturiano de la carretera. Algo después de Ballota nos tuvimos que detener al encontrarnos en medio de la carretera a tres paisanas intentando hacer volver a su finca a una vaca que se había saltado el cercado y corría asustada por medio del asfalto, unos diez minutos les llevó la operación.

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Cadavedo, Luarca, Navia, Puerto de Vega, Otur, La Caridad, Tapia de Casariego, iban quedando atrás uno tras otro hasta llegar a Ribadeo, que nos dió la bienvenida a tierras gallegas.

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En lugar de cruzar el Puente de todos los Santos, en esta ocasión seguimos la carretera nacional camino de Castropol. La N-634 nos llevó directos hacia la primera de las rías altas gallegas, que comparte con Asturias encantos y paisajes.  Siguiendo la N 642 primero y la LU 862 después pasamos por Foz, Burela, Cervo, Viveiro, O Vicedo, donde paramos a descansar y retomar fuerzas para seguir rodando hacia Estaca de Bares, el punto más septentrional de nuestro país (y de la Península Ibérica). El paisaje como ya venía siendo habitual a lo largo del recorrido, siempre espectacular, pero aquí la cosa adquiría un plus que le daba cierto aliciente. La ruta discurre entretenida entre un bosque tupido de eucaliptos que impide ver el mar, giramos a la izquierda al llegar a la villa de Bares, hacia el faro, por un terreno descarnado que el viento debe azotar sin piedad y del que se descuelga un paisaje impresionante de acantilados que separan las rías de Ortigueira (izquierda) y O Barqueiro (derecha).

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Cuando nos bajamos de las Lambrettas y contemplamos absortos el océano mirando al norte, a nuestro oeste estaba el Océano Atlantico y al este el Mar Cantábrico, no en vano los geógrafos consideran que justo ahí, en Estaca de Bares, está la línea divisoria imaginaria entre el mar y el océano. Es un cabo exclusivo con todos los alicientes de las puntas del mapa: espeluznantes acantilados, recoleto faro y, ya lo hemos dicho, límite septentrional de España. Allí coincidimos con la persona a quien pedimos que nos hiciera algunas fotos: el hijo del farero, asturiano de Oviedo y con conexiones familiares en San Juan de la Arena, quien según nos manifestó tenía por misión llevar alimento a su padre y preparar astillas para la chimenea 🙂 Astillas… ¡Qué cachondo!

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Continuamos después dirección oeste y desde algunos puntos de la carretera ya vislumbrábamos otra ría, más grande que las que habíamos dejado atrás, y de pronto nos encontramos con Ortigueira, poco después de haber dejado atrás el Puerto de Espasante. La disfrutamos transitando despacio, contemplando el paisaje, en dirección al puente de Mera. El ambiente en Ortigueira era de festival de música celta, uno de los más importantes del mundo, que se celebra allí a mediados de julio.

Neda, Fene, Pontedeume… Paramos para comer en Betanzos, con intención de catar su afamada tortilla de patatas, pero la hora ya era mala y encontramos casi todo cerrado así que nos tuvimos que conformar con un bocadillo de lomo y queso a la sombra, eso sí.  Viernes, 16.30 de la tarde y un sol abrasador.

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Ahí decidimos cambiar nuestra ruta y no ir a Malpica como inicialmente teníamos previsto. Atravesar algunas localidades durante el trayecto nos había hecho perder mucho tiempo y cada vez quedaban menos horas de luz para recorrer un buen número de kilómetros (aproximadamente 300) a razón de unos 50 por hora. Así que tomamos una vía rápida durante aproximadamente 15 kilómetros en dirección Arteixo y de allí continuamos hacia A Laracha y Carballo primero y hacia Vimianzo, Cee, y Corcubión después, siempre por la AC 552.

Poco antes de entrar en Corcubión me percato que dejo de ver por el retrovisor de mi Lambretta a Mino durante algunos kilómetros así que decido volver sobre mis pasos e ir en su búsqueda. Me lo encuentro unos tres kilómetros atrás, con su Lambretta abierta y tratando de poner remedio a la rotura del amortiguador trasero que acaba de sufrir. Una “ñapa” con un par de bridas y a seguir, que tenemos el fin de la tierra a menos de 25 kilómetros de distancia.

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Seguimos pues la carretera que nos acercaba al Fin del Mundo: Fisterra o Finisterre, donde según los geógrafos está la divisoria entre Rías Altas y Rías Bajas.

Durante siglos se pensó que, frente a esta punta, solo había una sima en la que el sol se apagaba cada noche. Se dice que los romanos encontraron un altar aquí dedicado a la adoración del astro rey. A 138 metros sobre el nivel del mar y sobre un brazo de tierra que se adentra en las aguas, su faro es el más visitado de toda Galicia y la segunda atracción más conocida de la comunidad tras Santiago de Compostela. Allí nos detenemos para hacer algunas fotos del faro, de la escultura de la bota del peregrino y del km 0 del Camino de Santiago, junto a nuestras Lambrettas. Desde la punta la respiración se entrecorta por la emoción, se ve inmensidad en todo…

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Tras abandonar el Cabo de Finisterre algo más tarde las 21 horas, volvemos a ponernos en ruta con intención de llegar a Noia siguiendo la AC 550, para después enlazar a Padrón y de ahí arribar a Vilagarcía por la PO 548 ,ya conscientes que el camino que tenemos por delante es aún muy largo y en ningún caso llegaríamos el viernes a Villagarcía.

Pero, no se si para nuestra fortuna o desgracia, a la altura de un pequeño pueblo llamado Brens vuelvo a darme cuenta de que Mino no me sigue y es un paisano que sube en coche el que baja su ventanilla al verme detenido, expectante, en la orilla de la carretera y me dice que un chaval que venía en moto detrás de mí ha pinchado. Lo siguiente que me encuentro es a Mino tratando de sacar la rueda de repuesto tras haber comprobado que al soltarse parcialmente la “ñapa” del amortiguador y bajar el chasis, el tornillo que lo ancla por arriba ha entrado en la cubierta y la ha seccionado por su parte central en más de la mitad de su extensión.

Aunque entre los dos logramos sustituir la rueda tomamos la decisión de no seguir camino dadas las altas probabilidades de que se volviera a repetir el incidente en algún otro punto de la ruta restante, sea de noche, estemos en algún paraje de difícil ubicación y no dispongamos de otra rueda de repuesto con la que continuar. Así pues nos dejamos llevar hasta el bar más cercano de Brens, lo encontramos, pedimos unas cervezas frías y usamos el comodín de la llamada, que en este caso se llamaba Juan González y que, a eso de las 00.45 de la noche apareció por la terraza del restaurante-café-bar “A Balea” de Cee donde nos habíamos sentado a cenar y descansar y tomar unos cuantos cacharros a la espera de su llegada con el remolque.

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Aún tardamos dos horas en llegar los tres a Villagarcía desde Cee en coche, eso sí, parando en Ézaro para acercarnos a la desembocadura del río Xallas, donde se forma una de las cascadas más hermosas posiblemente de España, a ver oir e imaginar la cascada que allí hay (que sólo iluminan los sábados por la noche en verano) y que constituía otro de los highlights de nuestro viaje sobre el papel. La “vimos” a la luz de la luna…

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Así concluyó nuestra ruta de ida y así se le jodió a Juan su plan de llegada a Villagarcía. ¿Por qué no llamamos a la asistencia de la Lambretta de Mino en lugar de molestar a Juan? Aún seguimos preguntándonoslo mientras escuchamos a Juan maldecir…

Este es un viaje para realizar con calma, para alternar los baños en las playas con las vistas panorámicas desde los cabos….

Esta entrada bien pudo titularse también: “No hay pancarta una de meta, la ruta acaba donde a cada Lambretta le pete

En el próximo episodio, el viaje de vuelta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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